Colegio Español de Nuestra Señora del Pilar y Santiago Apóstol

COLEGIO ESPAÑOL DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR Y SANTIAGO APÓSTOL
Una institución educativa que tenga como fin llevar las almas para el Cielo educándolas en lo mejor de la tradición hispánica (click aquí para versión en español o aquí para versión en inglés)

miércoles, 9 de septiembre de 2015

LA VIRGEN DEL CARMEN HACE A SUS HIJOS EL DON DE SU MANTO, EL ESCAPULARIO por la Prof. Lorena Campi



La Virgen había visitado el monasterio del Monte Carmelo cuando estaba en Tierra Santa, y lo vuelve a visitar cuando el monasterio se traslada a Europa a causa de las persecuciones. En el siglo XIII, la Virgen María se le apareció a San Simón Stock, quien en ese momento era Superior del convento, como Nuestra Señora del Carmen. El motivo de la aparición, de la venida desde el cielo, era hacer a sus hijos del Carmelo un don inapreciable: su propio manto, el escapulario de la Virgen del Carmen.
Según relata el mismo San Simón Stock, se encontraba él en oración, cuando se le aparece la misma Madre de Dios para decirle: “Amadísimo hijo, recibe el escapulario de mi orden para que quien muriese llevándolo piadosamente, no padezca el fuego eterno”. La Virgen María hace el don del escapulario, que significa su manto bendito: quien lo usare en vida y quien muriera con el escapulario, su manto, no padecería el fuego eterno.
El Papa Gregorio XIII declaró verdadera esta aparición después de serios estudios, basándose además en los dones sobrenaturales que recibían los que usaban el escapulario. Esta aparición fue reconocida también por el Papa Juan XXII, que recibió una nueva aparición de la Virgen, en la que prometía sacar del purgatorio el primer sábado después de su muerte a sus devotos.


LA VIRGEN DEL CARMEN EN MENDOZA

La Virgen María no se apareció visiblemente en nuestras tierras, sin embargo, encontró el modo de hacerse presente: llegó con los misioneros españoles bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen. La devoción se había difundido por toda Europa y entre sus devotos, se encontraban santos como San Juan de la Cruz y Santa Teresa; por eso es que llega a estas tierras americanas con los misioneros y los conquistadores, y empieza a ser venerada por los indígenas y criollos desde mediados del siglo XVI.



En Mendoza existía una hermosa tradición a favor de la Virgen del Carmen desde los años de su fundación, que había sido introducida por los jesuitas; al ser expulsados éstos de América, los franciscanos en Mendoza recibieron todos los elementos dejados por los mismos: Iglesias, libros educación de la juventud, etc. Así continuó la devoción a la Virgen del Carmen, existiendo cofradías que tenían influencia en los numerosos fieles que acudían al templo de San Francisco.



La Virgen del Carmen de Cuyo es la contraparte Argentina de la Virgen del Carmen de Maipú. Es la misma devoción, solo que regional, que veneraron los libertadores de la zona de los Andes. Es la Generala del Ejército Argentina y “vive” en Mendoza.



Ya en el siglo XVIII se encuentra en la capital de la Provincia de Mendoza la imagen que hoy se venera, pues don Pedro de Núñez caballero de gran fortuna y devoción, donó la imagen y todo lo necesario para el culto de la Virgen del Carmen. Primero estuvo en el templo de los Padres Jesuitas estando fundada la Cofradía. En 1776, a raíz de la expulsión de la Orden, la imagen fue trasladada a la Iglesia de San Francisco, desde donde presidiría una de las más bellas jornadas de la historia de la patria Argentina.
La Gobernación de Cuyo era muy devota de Nuestra Señora del Carmen. El General San Martín era muy devoto de Nuestra Señora de las Mercedes, razón por la cual le puso ese nombre a su hija, pero en Mendoza optó por la advocación del Carmen para respetar la devoción más común en la zona, previa consulta con sus compañeros de armas.



También entre los próceres argentinos era muy devoto de la Virgen del Carmen, el General Juan Gregorio de las Heras, el que ayudaba a llevar sus andas en las procesiones del 16 de julio. Formó un hogar piadoso y al morir en Chile pidió a sus hijos que en cuanto pudieran lo trasladaran a tierra argentina.


Llega el año 1814, momento en el que San Martín hará de los pacíficos habitantes de Cuyo, heroicos soldados forjadores de libertad, pero ellos necesitarán una Madre que los ampare y de sentido a tanto sacrificio.



Es conocida la profunda devoción que el Libertador profesó a la Virgen y que lo hizo nombrarla Generala de su Ejército, superando los respetos humanos de una época en la que el liberalismo había impuesto la idea de que “la religión es asunto privado”.

Tanta importancia dio al tema, que lo decidió con su Estado Mayor, según dice el General Espejo en su obra El Paso de los Andes: “la devoción a la Virgen del Carmen estaba muy arraigada en Cuyo y casi todos los soldados llevaban su escapulario, por eso fue ella la que tuvo preferencia”.


Y más adelante describe la brillante ceremonia (5 de enero de 1817) durante la cual San Martín le entrega su bastón de mando, la nombra Generala, y hace bendecir también la Bandera de los Andes, “saludada por dianas y la banda con cajas y clarines, mientras rompía una salva de veintiún cañonazos, ante el ejército de gran gala y todo el pueblo de Mendoza”.


Después de las victorias de Chacabuco y Maipú, el libertador dirigió al Superior del convento de San Francisco de Mendoza, la siguiente carta, cuyo original se exhibe, junto al bastón de mando, en la misma Basílica.

“La decidida protección y ayuda que ha prestado al Ejército de los Andes su Patrona y Generala, Nuestra Madre y Señora del Carmen, son demasiado visibles. Un cristiano reconocimiento me estimula a presentar a dicha Señora, que se venera en el Convento que rige Vuestra Paternidad, el adjunto bastón como propiedad suya y como distintivo del mando supremo que Ella tiene sobre dicho Ejército”.

Dios guarde a V. P. Muchos años.

Mendoza y Agosto 12 de 1818.

José de San Martín



Ambas reliquias, el bastón y la carta, se conservan hoy en el Camarín de la Virgen, como mudos testigos de la parte que Ella tuvo en la grandeza de alma del Libertador.


Coronación pontificia

Por inquietud de Fray Leonardo Maldonado, el Papa Pío X, decretó: “que la Sagrada Imagen de la Virgen María bajo el título del Carmen que se venera en la Iglesia de San Francisco en Mendoza, sea con voto solemne coronada con corona de oro”. Apoyó su resolución en la “Suficiente constancia que existe de la popular veneración de la imagen, de su fama y celebridad como también de las gracias admirables y celestiales, dones concedidos copiosamente por ella”.

La corona, ofrenda de sus devotos, le fue impuesta en memorable ceremonia el 8 de septiembre de 1911 y es un recuerdo de tal solemnidad que se decretó tal día como Fiesta Patronal de la Provincia y en ese día, desde 1950 es también honrada muy especialmente la Santísima Virgen del Carmen de Cuyo, en las escuelas de Mendoza, como Patrona de la Escuela Primaria, instituida en tal carácter por decisión superior; y de la educación en sus tres niveles por decreto del 30-08-80. En 1982 fue declarada también Patrona de la 8º Brigada de Montaña.