Colegio Español de Nuestra Señora del Pilar y Santiago Apóstol

COLEGIO ESPAÑOL DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR Y SANTIAGO APÓSTOL
Una institución educativa que tenga como fin llevar las almas para el Cielo educándolas en lo mejor de la tradición hispánica (click aquí para versión en español o aquí para versión en inglés)

jueves, 1 de octubre de 2015

Consideraciones acerca del 12 de octubre por el Prof. Ignacio Tejerina Carreras



Conferencia inédita, ofrecida por el Prof. Ignacio Tejerina Carreras en Resistencia, Chaco, en ocasión de una reunión conjunta de las Cámaras de Diputados de Chaco y Corrientes. Allí se referió al 12 de octubre, habida cuenta de todos los intentos que en aquel entonces recrudecían, año 2008, y que terminó haciendo desaparecer el día de la Hispanidad, Día de la América criolla.
Nota del editor: hemos agregado subtítulos y entregaremos el texto en dos partes para facilitar su lectura. 

Consideraciones acerca del 12 de octubre de 1492


Ignacio G. Tejerina Carreras
América y la polémica del Descubrimiento 



Podemos inferir que América es un continente que ha nacido de la polémica. Cuando decimos América, vamos a referirnos al Nuevo Mundo, es decir, aquél que surge de la llegada de Europa a nuestras costas. Es decir, hay un antes y después del 12 de octubre de 1492. A partir de ese instante lo que hoy conocemos por América comienza un proceso de largo alcance del que quienes vivimos en el siglo XXI somos el resultado de cinco siglos de desarrollo y evolución. Este proceso ha tenido distintas interpretaciones y se ha llegado mucho más a discutirlo que a comprenderlo. Eso es algo que si bien por una parte es bueno y necesario, puede producir una especie de paralización y esterilización innecesaria. Como todos sabemos, fueron varios los pueblos europeos que se acercaron a estas tierras y que se asentaron en ellas, siendo primeros los españoles seguidos por portugueses, ingleses, franceses y holandeses. Cuando dijimos que sobre América mucho se ha polemizado y discutido y poco comprendido, nos estamos refiriendo exclusivamente a la América colonizada por España. Es por todos sabido la gran resistencia que surgió hace ya varios años, en la década del ´80, cuando se formaron en nuestros países latinoamericanos las comisiones nacionales de homenaje y recuerdo al V Centenario del descubrimiento de América. Por esa época algunos dirigentes políticos o movimientos sociales se pronunciaron en contra de la celebración y tomaron como bandera de lucha todos los cuestionamientos a la implantación española en nuestro continente, planteamientos elaborados a través de los siglos en lo que se dio a llamar la Leyenda Negra.
A todo esto, los países latinoamericanos con nombres diferentes recordaban los hechos del 12 de octubre. Ya sea como el día del descubrimiento de América, o simplemente el descubrimiento, o el día de Colón, o el día de la Raza, o día de la Hispanidad. En el año 1917 el primer presidente que surgió de las filas de la Unión Cívica Radical, el Dr. Hipólito Yrigoyen, firmó el decreto de su propia autoría que creaba el día de la Raza, y siempre fue enseñado como tal a los alumnos durante decenas  de años, incluso llamándole Día de la Hispanidad y utilizando un símbolo que fue creado y aceptado por todos los países americanos en 1938 que fue la bandera de la Hispanidad, donde sobre un fondo blanco lucían las tres cruces de las carabelas en color morado y arriba de ellas un sol naciente de origen incaico que expresaba precisamente la unión de las dos razas, la europea y la originaria americana.

¿Día de la Raza?
Ya entrada la década del ´80 tímidamente comenzaron los cuestionamientos sobre por qué este día se llamaba Día de la Raza y cuál era su significado. La verdad es que ameritaba una respuesta puesto que después de las Segunda Guerra Mundial, donde hubo tantos muertos en el famoso holocausto judío, gitano y armenio debido a problemas raciales, la palabra raza tenía una connotación digamos que polémica, más aún teniendo en cuenta que desde un punto de vista estrictamente científico se había comprobado que no había diferencias sustanciales entre los que calificábamos como razas diferentes y que no se podía en rigor hablar de superioridad o inferioridad entre las razas.
Pero el sentido que Yrigoyen le dio era totalmente distinto y se asemejaba e igualaba con el mismo concepto que se usaba en otros lugares de América, como Vasconcelos en México o Henriquez Ureña, José Enrique Rodó, etc., que hablaban de raza como estirpe o como algo cósmico. Manuel Gálvez escribía sobre el solar de la raza y todos hablaban de raza, pero ninguno hacía alusión directa a lo biológico, sino, repetimos, a una cuestión de rango espiritual o cultural. Lo que todos ellos querían decir era que el europeo llegado a América y en un medio diferente al solar nativo se transforma, cambia sus expectativas de vida y busca de asimilarse a la nueva tierra. El producto de su unión con mujer española y mujer indígena va a dar su fruto en lo que se dio a llamar el criollo, que podemos afirmar que es la mejor herencia y legado dejado por la conquista. Por eso es que nosotros insistimos en que a partir del 12 de octubre de 1492 es cierto que surge un nuevo mundo y ese nuevo mundo es la América Criolla, es la novedad, novedad en la que interviene simultáneamente el blanco europeo español y los pueblos originarios, porque ambos van a construir una sociedad diferente no sólo culturalmente, socialmente y económicamente, sino biológicamente. Eso será la sociedad hispanocriolla, mestiza por excelencia, la que va a dar origen a lo que mal se la llama América latina, y por bien llamada Hispanoamérica o Iberoamérica. Eso no significa para nada la desaparición de pueblos aborígenes porque ellos van a seguir vigentes aún donde más se acentuó el proceso de mestización inigualado en la historia universal, proceso que podemos ver hoy a al vista cuando advertimos el porcentaje de población mestizada a lo largo de América de sangre europea, americana, nativa y asiática. Cada uno de esos aportes sanguíneos han dejado su marca indeleble en nuestra sociedad. Por ello es que podemos calificarla de una sociedad abierta y donde, si bien pueden subsistir como fenómenos de rezago algunas discriminaciones por origen étnico, pero con categoría sólo de hechos policiales. Esa mixturación que se ha dado entre los pueblos y las razas en Iberoamérica, se ha expresado claramente en su música y su folclore, allí podemos ver y sentir con claridad la presencia impar de la raza negra en las manifestaciones más rítmicas de nuestra música latinoamericana, que a pesar de haber sido una raza que sufrió la tortura de la esclavitud, produjo hechos musicales de excelencia. Como contraste, tenemos de los pueblos aborígenes andinos, una expresión diferente y llena de melancolía.

La cultura hispano-criolla
Cuando los españoles llegan a América no debemos olvidar de qué tipo de España vienen para comprender mejor sus actitudes, sus hechos y su pensamiento. Ellos vienen  de Europa educados en una España pre renacentista con una cosmovisión impregnada de fe cristiana y bajo la guía de la Iglesia católica, de modo tal que hombres con esa formación van a dar origen, una vez en nuestro continente y con su mixturación con el mundo nativo, a la cultura hispanoamericana, que no va a ser española, sino hispánica; y no va a ser sólo americana, sino hispanoamericana. Sólo así podremos comprender que nuestra cultura es única y una sola desde México a Tierra del Fuego y con un prototipo humano en los diferentes países. Así podemos encontrar ese arquetipo en el charro mejicano, el llanero venezolano, el gaucho rioplatense, llenos de similitudes  en comportamientos, conductas, gustos y folclore. Es notable cómo en la música regional es dable ver la presencia de estas distintas corrientes que convergen en una sola, y tenemos así en nuestro país, en la zona de Santiago del Estero, la famosa chacarera donde se conjugan la guitarra traída por los españoles, el bombo indígena con cuero de vaca traída por los españoles, y el violín, bien europeo. A todo lo que sea música, pintura, literatura, toda expresión de arte, van a poder ser reconocidos los componentes íntimos y allí encontraremos fundida en una sola cosa al componente negro, americano, originario y español. Y acá debemos decir que la columna vertebral de todo ello está dada principalmente por la lengua usada o común a todos, la lengua de Castilla. Eso es lo que somos ahora y hemos sido desde hace 5 siglos.


La historia de América
Un capítulo no bien estudiado, diría que pésimamente estudiado, en nuestra historia tanto argentina como hispanoamericana, son los períodos precolombino y el período que algunos llamamos hispánico y otros colonial. Ricardo Rojas, ese extraordinario pensador y escritor nuestro, decía que por un prejuicio caucásico no habíamos estudiado a fondo el período aborigen y por un prejuicio patriótico habíamos estudiado mal el período colonial y que era el momento de cambiar las cosas. Y para dar un ejemplo de esa desinformación que tenemos, no hay mejor ejemplo, valga la redundancia, que el hecho de no clarificar con exactitud el protagonismo de esa nueva estirpe o raza, como la llamara Yrigoyen, la criolla, no sólo en el desarrollo, paso a paso, de la nueva sociedad, sino en el papel prioritario que le cupo en su batalla por la independencia de estos nuevos países que nacían del seno de esta sociedad que habían formado junto a la Madre Patria.
A los pequeños grupos de españoles que vinieron a partir del 12 de octubre se le fueron agregando por supuesto cada vez más individuos. Y ya con la presencia de mujeres españolas en algunos casos e indígenas en otros, fueron naciendo nuevos seres humanos que a partir de su nacimiento ya sentirán como suya esta tierra, tanto el niño criollo, hijo de españoles como criollo mestizo no van a sentir ni pensar igual que sus padres, y este hecho se repetirá por miles. Está comprobado que en nuestro país, después de la fundación de las primeras ciudades, el grupo de españoles provenientes de la Península Ibérica al lado de los llamados españoles americanos o criollos es bastante inferior, de modo tal que eso nos está diciendo de la importancia que tuvo, tanto en los primeros tiempos como en la parte medular del desarrollo cultural, la impronta de la nueva estirpe.

¿Cuándo nació la Argentina?
Y permítaseme en este preciso momento de mi exposición una digresión sobre cómo nació lo que es hoy la República Argentina, nuestro país, y por qué podemos afirmar que nosotros tenemos un momento fundacional, del mismo modo que el momento fundacional de la América Criolla es el 12 de octubre de 1492. Uds. recordarán que el capitán Juan Núñez de Prado, allá por 1550, el 29 de junio, funda la ciudad de Barco en la actual provincia de Tucumán que por diversos problemas debe trasladar en dos oportunidades más. La última a la vera del Río Dulce. Ciudad a la que el conquistador Francisco de Aguirre le cambia el nombre por Santiago del Estero, primera ciudad argentina, totalmente documentado, con todas las exigencias de la época y conformada por españoles peninsulares e indígenas amigos. Ahí se comienza a conformar la sociedad hispanocriolla, que en forma ininterrumpida, sin el menor lapso de tiempo va a llegar hasta el día de hoy. Y es de destacar que esta sociedad tuvo desde un principio funcionarios tanto reales o gubernativos como eclesiásticos que habían nacido en esta tierra, tal es el caso del segundo Jerónimo Luis de Cabrera, nieto del fundador y gobernador del Tucumán, o Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, gobernador del Río de La Plata o su medio hermano, Fray Fernando Trejo y Sanabria, obispo de Tucumán, y podríamos seguir indefinidamente. Criollos fueron todos los participantes de la emancipación, desde México a Tierra del Fuego, y en nuestro país es notable ver cómo descollaron en el Congreso de Tucumán los criollos de vieja prosapia con algunos españoles que adscribieron a nuestros reclamos de independencia o hijos de españoles de primera generación. Hijos de la tierra fueron los que fundaron Asunción del Paraguay, Santa Fe y Buenos Aires y sus descendientes fueron los que forjaron nuestra libertad e independencia. ¡Y como no podía ser de otro modo, a ellos les debemos nuestro grito de libertad!

En la próxima entrega: Individualismo de pensamiento