Colegio Español de Nuestra Señora del Pilar y Santiago Apóstol

COLEGIO ESPAÑOL DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR Y SANTIAGO APÓSTOL
Una institución educativa que tenga como fin llevar las almas para el Cielo educándolas en lo mejor de la tradición hispánica (click aquí para versión en español o aquí para versión en inglés)

sábado, 3 de octubre de 2015

Consideraciones acerca del 12 de octubre por el Prof. Ignacio Tejerina Carreras (última parte)

En esta segunda y última parte el autor (presidente de la Confederación de Institutos de Cultura Hispánica y presidente del Instituto de Córdoba) se pregunta acerca de la herencia política recibida por Hispanoamérica, la noción de democracia y Bien Común y finalmente acerca de cuáles han sido los logros de la Leyenda Negra antihispánica.

 


Individualismo de pensamiento
¿Qué rasgo importante hemos heredado que es dable recordar el por qué de las acciones de nuestros antecesores y próceres? Dice ese magnífico pensador y luchador Dr. Alfredo Palacios, primer diputado socialista de América, en su libro Masas y elites en Iberoamérica: “El pueblo castellano descubre un nuevo mundo, lanzándose temerariamente a la inmensidad de lo desconocido y realiza la estupenda hazaña de la conquista, sin condiciones de pueblo colonizador. Templados sus hijos en el fuego de la reconquista con un sentimiento de individualismo altanero e intolerante, proclive al dogmatismo, trajeron una irreducible independencia local y la rebeldía propia de la raza, exacerbada por la influencia telúrica y social de América contra el desierto, contra el mar inconmensurable, todo inhóspito y salvaje. Hombres del siglo XV en su patria, España, ajena al Renacimiento acababan de caer las libertades municipales de la Península con la derrota de los comuneros, pero persistió en el pueblo el sentimiento de independencia que trajeron los conquistadores, encarnado en los cabildos, única institución colonial de carácter democrático que se instauró en América”.
Más adelante en su libro Palacios nos habla de las insurrecciones criollas y nos dice que las rebeliones precursoras de la independencia americana son las de los criollos y que la emancipación sólo se concreta en hechos cuando la progenie americana acentúa su arrogancia y comienza a crecer el antagonismo entre los llamados españoles americanos o criollos y los españoles peninsulares. El fortalecimiento de los criollos va a iniciar el proceso revolucionario con la conjunción de lo que el viejo dirigente del Partido Socialista llama masas y entes, acentuándose la incompatibilidad de convivencia y haciendo perder a los españoles peninsulares su acción reguladora sobre el orden social. Los criollos eran amigos de cosas nuevas por constituir ellos mismos un tipo nuevo. Reproducían acentuados y se ha dicho, con razón, el individualismo anárquico del pensamiento y el amor a la independencia personal, comprimidos en España y exacerbados en América.

Democracia, soberanía y Bien Común
En nuestra vecina República del Paraguay desde sus primeros años se desarrollaron gérmenes de rebeldía entre los criollos y en una comunicación oficial se expresaba “ellos son muchos y no bien inclinados y cada día son más y los españoles viejos y pocos”. Los conflictos entre los hijos de la tierra y los peninsulares se acentuaron en el siglo XVIII y Alfredo Palacios nos dice que los rebeldes se amparaban en un limitado derecho de soberanía popular reconocido por la corona dos siglos antes y que sin duda tenía gran trascendencia, no sólo desde el punto de vista institucional, sino también desde la realidad colonial. En este sentido, se está refiriendo nada menos que a la Real Orden dictada el 12 de septiembre de 1537 mediante la cual se autorizaba a los pobladores, con motivo del fallecimiento de D. Pedro de Mendoza, a elegir gobernador, lo que significaba el ejercicio de la democracia[1]. Y qué dato importantísimo nos brinda ello, pues esta Real Cédula nos demuestra la raíz hispánica de nuestra democracia incipiente y turbulenta, como agrega Palacios, que se remonta a las instituciones visigóticas, como muchas veces se ha demostrado al estudiar las viejas libertades españolas. Allí estaban, y nos lo dice Palacios, los Consejos, Ayuntamientos, o Corporaciones Municipales que constituyeron elevadas entidades de derecho público español, con prerrogativas constitucionales que los asimilaban a los parlamentos. Los más célebres fueron los de Castilla y Aragón, que singularizaron la democracia medieval de España cuando todavía era ignorado el poder político del brazo popular en Inglaterra. En este aspecto hay que señalar que las famosas libertades de la Carta Magna no eran para el pueblo inglés sino para los barones. El autor que estamos citando nos recuerda que en España los representantes de las ciudades, fueron convocados por primera vez a los Consejos del Reino, más de 100 años antes de que se estableciera el parlamento en Inglaterra.

No podemos dejar pasar por alto toda esta influencia enorme que traían los peninsulares consigo con su intenso sentimiento de gobierno propio, no sólo las comunidades de Castilla y Aragón, sino también Vizcaya y Cataluña, y aquí fundaron los cabildos que traerían la nueva libertad con el principio de la soberanía del pueblo. Y fue el mismo emperador Carlos V o Carlos I de España, el monarca del absolutismo, quien dictó la Real Cédula de 1537 invocada más tarde por los comuneros de América y que se convirtió en la carta cívica que justificaba todas las insurrecciones. Aquí interviene algo que es muy importante para la democracia no sólo nuestra sino universal, democracia donde aparece esbozada la doctrina del común, la doctrina de la soberanía del pueblo, principio anterior a toda ley escrita según D. Fernando de Mompó y Zayas, hombre de elite que llega a Asunción en 1730 y desarrolla las ideas que iniciara Antequera adoctrinando al pueblo cuando se produce la insurrección de los comuneros en 1721. Estas sublevaciones de los comuneros se realizan en las primeras décadas del siglo XVIII, 1721 y 1730 y por supuesto no se había producido aún la gran conmoción que inflamó el alma de nuestros próceres en la década del ´10. Juan Jacobo Rousseau, el paladín de la democracia individualista, todavía era un niño y su Contrato Social no aparecería hasta la segunda mitad de ese siglo XVIII.

Se pregunta Palacios ¿De dónde surgía entonces esta doctrina que los comuneros proclamaban como un magnífico ideal por el cual morían y que la Revolución Francesa consagraría más de medio siglo después en la Declaración de los Derechos del Hombre? Y se contesta “venía del solar de la raza”. Y nosotros agregamos “del solar de la raza del que hablaba el escritor Manuel Gálvez, biógrafo de Yrigoyen. De la raza de la que hablaba el primer presidente radical del país. De esa raza de hombres mezcla de muchas etnias diferentes y diversas, que pasa a América y se mestiza. Y en el marco de la tierra americana deja su descendencia criolla y mestiza y que en el siglo XIX dará lugar al gaucho rioplatense, uno de nuestros prototipos humanos. La doctrina de la soberanía del pueblo surge en la Península Ibérica entre otros con Francisco Suárez, el filósofo, quien siguiendo a Santo Tomás de Aquino sostiene el principio de la soberanía del pueblo y su doctrina se enseñaba en las universidades de Córdoba y Chuquisaca. En esa doctrina se afirmaba que el reino no es del rey, sino de la comunidad y la misma potestad regia o real, es por derecho natural de la misma comunidad y no del Rey, por lo cual la comunidad no puede abdicar totalmente de ese poder. Cuando el Rey se excedía en su autoridad las juntas populares podían oponer el pase foral declarando nula las reales órdenes y de allí la antigua fórmula de se obedece, pero no se cumple


La hermandad hispano-criolla

Pero volvamos a la vieja polémica que es siempre discutir sobre nuestro pasado que puede ser sano y liberador, pero no debemos dejar nada ni ocultar nada. Esa tenaz campaña que se viene librando desde el 12 de octubre de 1492 que se ha llamado la Leyenda Negra, ha servido a muchos fines diferentes y a veces opuestos y contradictorios. Sirvió secularmente a los enemigos y competidores europeos de España como Inglaterra, Francia y Holanda entre otros, y contra muchos americanos que apoyaron indiferenciadamente propuestas indigenistas muchas de ellas grandemente justificadas y otras llenas de un larvado sentimiento antagónico y un odio hacia España y hacia lo criollo.

Por eso es que ante la pregunta que nos hacemos todos aquellos que reflexionamos sobre la temática de la conquista y la colonización, nos preguntamos ¿qué beneficios ha aportado a la unidad, cooperación, entendimiento, estabilidad y mejoramiento de América Latina o Iberoamérica la campaña contracelebratoria del 12 de octubre y al mismo tiempo denostativa de nuestro llamado período colonial? Consideramos con pruebas más que suficientes que una campaña de ese tipo no solamente no aporta nada, sino que no hunde el bisturí en la realidad de lo que somos, pues a través de la asunción de nuestros padres y de nuestro origen podemos gozar de los beneficios que nos otorga la hermandad y aclaro, no hermandad en la desgracia, sino hermandad de sangre, biológica, cultural, heredada que nos viene desde hace más de 5 siglos a través de la historia común.


[1] Nota del editor: Democracia anterior al liberalismo capitalista creador de la democracia actual emanada de la Revolución Francesa del siglo XVIII